Los que mejor adivinaban lo que iba a pasar tenían una costumbre: cambiaban de opinión
Un torneo con miles de voluntarios puntuó sus pronósticos durante años. Los mejores no tenían bola de cristal: revisaban su apuesta cada vez que llegaban datos nuevos. Eso sí, ya partían con buena cabeza. Y un ejercicio para puntuar los tuyos.
